Un día cualquiera unos niños estaban jugando al balón. Uno de ellos lo lanzó y se le escapó a una casa muy, muy rara; los niños, tal y como lo habían oído, comprobaron que en la casa vivía una señora muy mala. Decían que la señora se quedaba con los balones que se le metían en la casa y los niños que se metían a por él nunca jamás aparecían; toda la ciudad hablaba mal de ella.
Dos niños se acercaron a por el balón: uno de ellos se coló en la casa, mientras el otro le aconsejó que no lo hiciera porque si no, no volvía a salir. Entonces le dijo que se metiera con él o si no, no cogía el balón.
Al compañero no le quedó otra alternativa que ir con él y cogerlo; los dos quedaron allí a las 6:30. Se fueron a su casa para prepararse. Se acercaban las 6:25 pero uno de ellos todavía no se había preparado y ya eran las 6:30. El otro estaba donde habían quedado los dos, se hacía un poco tarde y su amigo no llegaba. Juan oyó los pasos de Javi: ¡ya llego, ya llego espérame por favor! . Cuando ya estaban dentro, Javi le dijo a Juan:
- ¡Yo me largo de aquí que tengo miedo.
- ¡Yo me largo de aquí que tengo miedo.
Salió huyendo como un cobarde pero antes de que Javi saliera, Juan le agarró del brazo y le comentó:
- ¡Cómo te salgas se va a quedar el balón ahí!
Más tarde Juan y Javi vieron unos guardias que estaban vigilando y que pasaban por ahí. Los chicos debían de actuar rápido o les iban a pillar, además no encontraban el dichoso balón.
Por fin descubrieron que el balón estaba en una pequeña habitación donde estaban todos los juguetes que se colaban en la casa, pero estaba custodiada por dos guardias.
En un abrir y cerrar de ojos, se asomaron y se lanzaron a por el balón; a continuación los guardias reaccionaron y no se esperaron un minuto. Cuando ya los tenían, los niños se pusieron a llorar como unos bebes, nada tardaron en avisar a la Señora Pepona , la dueña de la casa.
Cuando ya los encerró en la jaula, los niños pararon de llorar, porque vieron que ya era inútil, que no les iba a soltar. La Señora Pepona no sabía qué iba hacer con ellos. Poco después mandó a sus esclavos que les hicieran lo que quieran los niños. Estaban atemorizados, porque no sabían qué les iban a hacer, sólo sabían que les iban a hacer algo malo.
Pero un día el esclavo que les atendía era muy bueno y les dejó escapar e incluso antes de que se fueran les dio la llave del almacén de los objetos perdidos, para que lo cogieran. Lo cogieron y… casi estaban fuera de la casa, pero de un momento a otro sonó la alarma, salieron escopetados de allí y así acaba el cuento: Juan y Javi salieron de la casa de la señora Pepona sanos y salvos y ¡con el balón en su poder!
Relato inventado por ALEJANDRO RUBIAL








