Paula nos invita a leer esta poesía...
Era un abeto muy pequeñito
al que siempre saltaba un conejito.
Un buen día amaneció
en los brazos de un señor.
Volvió a cerrar los ojos y se durmió.
A las tres horas se despertó;
estaba con una familia en una mansión,
decorado con espumillón
y metido en un cestón.
Asi fue feliz todas las navidades en París.
Asi fue feliz todas las navidades en París.

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